1 de julio de 2011

Descansos


Una de las cosas que he aprendido a valorar es el dormir en mi propia cama, una reminiscencia animal de saber que ese es tu lugar con tu olor y tu privacidad, en esto estaba pensando ayer cuando las calle inundadas evitaban que volviera a mi departamento.

No hace mucho dormía en un viejo sofá cama, he pasado por habitaciones de hotel 5 estrellas, he decidido ahorrarme unos pesos y falso pudor y rentar un cuarto en moteles, descansé en un catre dentro de una bodega, sentí lo incómodo que es tratar de dormir en un chevy bajo el frío congelante, una pila de cartones fueron el colchón en un edificio abandonado, una banca de Reforma sirvió para yacer antes de que amaneciera, comprobé que las hamacas no son para mí, y que las terminales de autobuses y el aeropuerto son sitios tan tristes para dormir.

Un poco de experiencia cuando me toque descansar en paz.


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