28 de julio de 2008

Del cerebro a la boca.


Cuando se trata de compartir mi tiempo busco a alguien con quien charlar de cualquier cosa que nos interese o por lo menos que haga comentarios acertados y sepa escuchar. Lo determinante de una buena compañía -para mi gusto- es que de un detalle se desarrolle una charla interminable o los silencios sean tranquilos sin incomodidades.

Me gusta tener conversaciones heterogéneas aunque mi interlocutor sea muy homogéneo a mí. Es desesperante que haya gente monotemática y nunca te cedan la palabra, me dan ganas de darle una patada porque siempre acaban contando lo mismo.

He notado que los hombres del tipo 'macho-proveedor' se alejan cuando sienten que una mujer sabe mucho o es inquieta intelectualmente, tratando de amainarla recurren a las clásicas preguntas acerca de la vida personal, sexual o amorosa de la mujer como para demostrarle que si carece de un mozo es porque resulta aburrida. Casi 500 años después de Sor Juana los hombres siguen pensando igual.

Pero no todo es culpa de los chavos, también hay hembritas que les gusta aparentar ser unas desvalidas (mentales) para que llegue su macho, las monte y ellas misteriosamente se convierten en arpías en acecho de su pene bípedo. Casi ves el cuadro del NatGeo o Animal Planet.

Tengo a mi lado un hombre que me escucha y lo escucho, no soy su incondicional porque si no estoy de acuerdo en algo se lo digo y lo discutimos y viceversa; si bien él opta por darme la razón :P.

Es bueno contar con alguien diferente pero con los mismos intereses.

2 Fisgones morbosones:

Anónimo dijo...

Del cerebro a la boca se cae la ropa. Y no se caería si no la hubieran inventado. Entonces, aquello que llega a ocultar la mayor parte del tiempo -aunque no haga frío-, lo buscamos con frenesí. Ujule, sí, las hembras se quejan del ansia del macho y éste del largo proceso exigido por aquellas; afortunadamente todos somos humanos y rendidos ante la realidad, llegamos a un acuerdo: salen hijos para repetir el proceso una "generación" después. Los vástagos seguramente usarán menos ropas -extrapolando nuestro presente- y lógicamente nuestros problemas no serán necesariamente suyos. Las chicas ya no cubren sus pantorrillas y cargarán sofisticados gadgets con multi-O y M-force...

¿Qué fue primero, la ropa ó la desaparición del celo animal? buena pregunta para épocas no primaverales. Irónicamente, arropamos de más nuestra convivencia y charlas -aunque no haga frío- y acudimos a ciertos encuentros sólo en nuestros momentos de celo social. Cuando no, nos llenamos de valor tras el monitor, tecleamos hasta por los codos y no necesitamos de época de apariamiento: copulamos con letras aunque éstas no sirvan para crear nada nuevo, como la droga recreativa que es.

Teresa... dijo...

El celo reproductivo ahí sigue, lo que pasa es una busca algo más que un macho capaz únicamente de derramar semen. Igual, muchas ya no buscamos la perpetuidad a través de los hijos sino de una misma.No sé si la Naturaleza nos perdone desafiarla...

La ropa seguirá existiendo aunque sea para protegernos de los rayos UVA.

 

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