16 de febrero de 2012

Ambientes


A veces al estar platicando con otras personas surge el tema de que debido al trabajo hay quienes nos toca vivir en otros lugares diferentes a donde crecimos, cada quien tiene un punto de vista sobre lo que ofrecen las ciudades, la mayoría se enfoca en la cantidad de plazas comerciales para considerar a una ciudad como interesante o que ofrece "algo que hacer".

No me atrae el hecho de encerrarme en áreas delimitadas cubiertas de cristal y luz artificial para sentirme que estoy haciendo algo, siendo sinceros las plazas sólo son un cúmulo de sensaciones falsas, puedes estar rodeado de cientos de personas caminando sin rumbo fijo viendo aparadores, comiendo una hamburguesa o un helado y entrando al cine con el fin de creer que después de todo, no estás solo en casa.

Me sorprende la cantidad de gente que limitan su estancia en cualquier ciudad pequeña o pueblo preguntándose qué hacen los lugareños para pasar el rato. Supongo que lo mismo que los de grandes metrópolis: dar vueltas en la plaza/alameda y así ver y ser visto.


Sé que donde ahora radico no es lo que se dice un sitio turístico, Nogales es una ciudad en desarrollo y con el clásico caos de cualquier localidad de México. Algunos sólo le ven como ventaja que es frontera con EEUU pues allá sí hay muchos malls; entiendo que estos lugares sirven para entretener un rato el ocio siempre y cuando lleves un buen de dinero en la bolsa pues dichos malls están creados para hacerte sentir feliz mientras consumas.

Vivir en Sonora me ha gustado, acepto que estoy muy lejos de mi familia pero puedo sortear esta parte conociendo un poco el Estado, no diré que es mejor o peor de donde vengo, prefiero salir a recorrer aquello que los habitantes señalan o que me va pareciendo interesante. No importa si es un montón de arena o cerros, al final del día siento que termino aprehendiendo algo que quedará en mí. Puedo llevarme de recuerdo camisetas y artesanías, pero cómo describir las percepciones del calor agobiante y el frío inclemente, las amabilidades fortuitas, las risas compartidas con extraños, los acentos o el sabor de la comida.

Al menos para mí, sé que se puede disfrutar de un lugar sin necesidades de crear ambientes artificiales que nos enclaustran sino aspirar a ser un viajero que también tiene algo que ofrecer donde va.

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