15 de noviembre de 2009

Los otros




Ocurre algo extraño, y no sé si es por la falta de sueño, la comida callejera, el frío, el tráfico, la soledad...pero siento que cada persona que voy conociendo ya la conocía, una especie de dèja vú interpersonal, no es un lugar lo que evoca mi memoria sino las personas que conviven conmigo en la oficina. Cuando me dicen su nombre es como si me lo recordaran, en lugar de que me lo dijeran por primera vez y sin estar necesariamente vinculados tengo ese sentimiento que en alguna parte coincidimos.
No creo en reencarnaciones, porque si fuera así (y siendo muy dramática) estoy pagando muy caro las que debo de mi vida pasada. Sólo sé que estoy aquí por una serie de decisiones concatenadas y otras circunstancias ajenas a mí. Ahora, tengo que reforzar las ideas que tengo sobre lo que soy, porque yo también me confundo entre las versiones que le presento a las personas, soy un poco de lo que cada quien percibe de mí, un perfume creado con diversas escencias.







Foto de la Calzada de Tlalpan, cerca del metro Portales

2 Fisgones morbosones:

Salvador Sáenz dijo...

A mí me sucede que cuando voy en un autobús, viendo por la ventana, absorto, empiezo a imaginar la vida de las personas, así, a la velocidad de la luz, creando historias para cada uno aunque sean falsas, aunque sean absurdas, aunque estén pensadas al vuelo, con los pocos elementos que encuentro disponibles (sus rostros, sus casas, por cómo visten). En fin. Saludos!

TeReSa dijo...

Bueno, pues yo no imagino la vida de los transeuntes, sino cuando ya tengo alguien con quien he charlado me pongo a pensar las variables que ocurrieron para que X persona sea como es.

Saludos, igualmente

 

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