18 de septiembre de 2008

Un día en la vida de....

Desde hace 2 semanas empecé a hacer mis estadías/prácticas profesionales en el Sanatorio Español y ya pasadas los nervios iniciales me gusta que siempre hay gente dispuesta a ayudarte, aunque sea en prestarte la llave de la oficina hasta explicarte los múltiples procedimientos que hay esta organización. Espero seguir aportando lo que pueda de mí, al fin y al cabo la beneficiada seré yo.

Todo marcha bien, el futuro se convierte en presente. Da gusto mirar hacia atrás pero prefiero los caminos hacia delante que se bifurcan.

Una canción de Sabina para esas horas de oficina:

Cada mañana bostezas, amenazas al despertador
y te levantas gruñendo cuando todavía duerme el sol,
mínima tregua en el bar, café con dos de azúcar y croissant,
el metro huele a podrido, carne de cañón y soledad.

Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal,
¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar?
Cuando la ciudad pinte sus labios de neón
subirás en mi caballo de cartón.
Me podrán robar tus días… tus noches no.

Que buena estás corazón, cuando pasas grita el albañil
el obseso del vagón se toca mientras piensa en tí,
la voz de tu jefe brama “estas no son horas de llegar”
mientras tus manos archivan tu mente empieza a navegar.

Ambiguas horas que mezclan al borracho y al madrugador,
danza de trajes sin cuerpo al obsceno ritmo del vagón,
hace siglos que pensaron: “las cosas mañana irán mejor”
es pronto para el deseo y muy tarde para el amor.

Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal,
¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar?
Cuando la ciudad pinte sus labios de neón
subirás en mi caballo de cartón.
Me podrán robar tus días… tus noches no.



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